QUIENES SOMOS

LA SACRA CORONA

Los orígenes

En el año 1666, un grupo de Chic@s de la marisma —campesinos, cazadores y sabios locales— fundaron en la zona que hoy corresponde a Isla Mayor (Sevilla) una hermandad secreta que bautizaron como La Sacra Corona.
Su propósito declarado era "preservar el equilibrio entre la luz y la sombra del mundo", pero quienes los conocían en secreto sabían que su verdadera devoción se dirigía a las fuerzas opuestas al orden establecido, aquellas que otorgaban poder a cambio de entrega y silencio.

Los fundadores, conocidos como Los Trece Primeros, creían que la verdad no residía en los cielos, sino en las profundidades de la tierra y del alma humana. Sus rituales se realizaban en las marismas bajo la luna nueva, donde usaban una corona de 7 puntas y un rosario de huesos de aves como símbolos de supremacía y renacimiento.



El auge y la expansión 

Durante el siglo XVIII, La Sacra Corona se expandió hacia las riberas del Guadalquivir y los pueblos cercanos de Puebla del Río y Coria del Río. Su influencia se extendía entre pescadores, navegantes y contrabandistas, que encontraban en la hermandad protección y prosperidad. Poco a poco, la organización se estructuró jerárquicamente:

  • Los Custodios (los dirigentes y guardianes del conocimiento),

  • Los Portadores (los que mantenían los rituales y la memoria),

  • Los Silentes (los iniciados, cuya función era obedecer y transmitir).

Los símbolos de la institución —la corona de 7 puntas y el rosario, entrelazados— se convirtieron en emblema del sacrificio, del dolor como vía hacia el poder, y del vínculo eterno entre lo terrenal y lo oculto.



Imagen de Portador en los inicios de LA SACRA CORONA
Imagen de Portador en los inicios de LA SACRA CORONA
Imagen reciente de un Custodio de LA SACRA CORONA
Imagen reciente de un Custodio de LA SACRA CORONA

Los siglos de ocultamiento 


Con el paso de los siglos y los cambios políticos y sociales, La Sacra Corona se ocultó cada vez más. Sus miembros comenzaron a mezclarse con instituciones legales y fraternales, manteniendo su credo en la sombra.
Durante el siglo XIX, sus prácticas se disfrazaron de costumbres locales, fiestas populares y actos culturales aunque sus símbolos siempre reaparecían en los rincones más insospechados: grabados en piedra, en puertas de edificios, sellos en velas y en los molinos de arroz.

En tiempos de guerra y hambruna, La Sacra Corona ofrecía refugio y alimento a cambio de lealtad perpetua. Se decía que sus líderes dominaban artes de persuasión, sueños compartidos y pactos sellados en silencio.


Emblema de LA SACRA CORONA
Emblema de LA SACRA CORONA

La era moderna 


Durante el siglo XX, la institución se adaptó al mundo contemporáneo. Creó ramas discretas en Sevilla, Cádiz y Huelva, y más tarde incluso en América Latina, siguiendo los caminos de la emigración andaluza.

Actualmente, La Sacra Corona se presenta como una institución cultural, dedicada al estudio y a fomentar tanto la cultura como  la historia oculta del Bajo Guadalquivir.  

Y ahora es el momento de que todos conozcan su verdadera razón de ser: 

La búsqueda del poder a través del sacrificio y la entrega a aquello que la mayoría teme.

Su lema, transmitido en voz baja desde hace siglos, aún se repite entre sus miembros:

Grabado antiguo de Los Trece Primeros fundadores de LA SACRA CORONA
Grabado antiguo de Los Trece Primeros fundadores de LA SACRA CORONA

"SOLO OS QUEDA REZAR PERO NI ESO OS SALVARÁ"

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